Desayuno Consciente.
Empieza el día pensando en ti y en mejorar tu bienestar.
No empieces pensando en todas las cosas que tienes que hacer, y a todos los lugares a dónde tienes que ir.
Practica el desayuno mindfulness.
Permítete saborear tu desayuno, siente la taza de café o té en tus manos, chequea como has dormido, pregúntate si necesitas algo.
Con este sencillo ejercicio te convertirás en el guardián de tu bienestar emocional.
Escáner corporal frecuente.
A lo largo de tu día, centra tu atención en tu cuerpo.
Puedes aprovechar los ratos que te levantas, que tienes un descanso, o ponerte una alarma para asegúrate que no te olvidas.
Simplemente, hazte esta pregunta: ¿Cómo esta mi cuerpo ahora?
Desintoxícate de la tecnología.
Invierte un poquito de ese tiempo, en ti.
Por ejemplo, cuando estés comiendo, hablando con otra persona, no mires el móvil.
Valórate.
Ponte una alarma a final del día, cuando suene recuerda porque hoy estas agradecid@.
Camina sintiendo
A veces pensamos “cuando llegue a mi casa o al lugar donde he quedado, podré relajarme, podré descansar, podré estar tranquil@”.
Recuerda que puedes relajarte mientras caminas, sintiendo los pasos que das.
Escucha sin juzgar
Nuestras relaciones interpersonales son también un escenario perfecto para conectar con nosotros.
La escucha en mindfulness es un acto de generosidad y respeto hacia la otra persona.
Además, quien escucha también apacigua su alma.
Te mantienes en calma.
Cuando escuches a alguien, intenta hacerlo sin juzgar.
No importa lo que le vayas a contestar, no pienses en eso.
Simplemente escucha.
Esta técnica, además de crear mayor conexión con los demás, también te permite conocerte.
Te permite mantenerte en calma, sin prisa, darte un espacio para ti y mejorar tu bienestar.