La herida emocional que tienen los infieles se caracteriza por una mezcla intensa de emociones: rabia, desconfianza, tristeza, miedo, inseguridad. Es una herida emocional que no se puede borrar. La herida queda. Lo importante es qué haces con ella.
Cada persona vive este dolor de manera distinta. Pero hay algunas emociones que suelen estar presentes: Sensación de traición: La confianza se rompe. Lo que era seguro ya no lo es. Rabia y resentimiento: Hacia la pareja, y a veces hacia uno mismo. Dolor profundo: Se vive como una pérdida. Se llora lo que se creía que era la relación. Inseguridad: Surgen dudas sobre el propio valor, sobre si se es suficiente. Miedo: A volver a confiar. A que vuelva a ocurrir. A tomar la decisión equivocada.
La confianza no se recupera. Se construye de nuevo. Desde cero. Con hechos, no con palabras. Con tiempo, no con promesas.
Validar todo esto es el primer paso. Acompañar ese dolor es fundamental para no estancarse en él. Y sobre todo, comprender que esto no se trata de perdonar, sino de decidir si quieres reconstruir algo nuevo con esa persona, desde otro lugar.