La resolución de problemas matemáticos es un proceso complejo que lo podemos esquematizar en cuatro fases:
1. Comprensión del problema.
2. Planificación de los pasos a seguir.
3. Ejecución del plan.
4. Supervisión.
La comprensión del enunciado es de gran importancia, especialmente cuando un mismo problema contiene más de una cuestión.
Para conseguir la comprensión deberemos: Leer el enunciado despacio y analíticamente.
Identificar los datos que nos ofrecen, aquello que conocemos.
Ten en cuenta las unidades en las que están expresados, por si no coinciden y debes ajustarlos a la misma unidad.
Reconocer las incógnitas, las cuestiones a investigar y determinar.
Puede ser de utilidad el crear dos columnas, una para los datos que conocemos y otra para las incógnitas.
Determinar una relación entre los datos dados y las incógnitas a resolver.
Elaborar un esquema o gráfico de la situación.
Nos puede facilitar la comprensión de cuestiones complejas.
Estaremos seguros de haber comprendido correctamente el problema, cuando seamos capaces de expresarlo con nuestras propias palabras.
La planificación debe ser flexible, ya que podemos encontrar diferentes caminos para llegar a la solución.
Es importante no actuar de forma mecánica.
Podemos plantearnos distintos interrogantes: ¿Este problema es similar a los realizados anteriormente en clase.
¿Podemos plantear el problema de otro modo para aplicar las estrategias que conocemos.
¿Utilizamos todos los datos que nos ofrecen en nuestro planteamiento.
¿Podemos imaginar un problema similar pero más sencillo.
La planificación de la estrategia a seguir debe estar meditada, ya que en base a la misma conseguiremos alcanzar la solución acertada o no.
Utilizar datos numéricos más simples nos favorecerá, así como el gráfico realizado en la fase anterior.
Tras establecer la estrategia que vamos a seguir, deberemos llevar a la práctica de forma segura.
Para realizarlo correctamente te recomiendo: Comprobar cada uno de los pasos que vas a realizar.
Antes de realizar las operaciones, pregúntate que consigues con cada una de ellas.
Acompaña cada operación de una explicación de lo que haces y con qué fin.
Si encuentras alguna dificultad que no te deja continuar, vuelve al principio, reordena tus ideas y plantea de nuevo tu estrategia.
Efectúa con mucho cuidado cada una de las operaciones, evitando errores absurdos.
Comprueba el resultado que has obtenido.
Para ello tendrás que compararlo con el contexto del enunciado.
También es importante verificar las operaciones.
La supervisión supone: Leer de nuevo el enunciado y comprobar que hemos obtenido aquello que se nos solicitaba.
La solución a la que hemos llegado ¿parece lógica y posible.
¿Podemos comprobar la solución de alguna manera.
Una vez verificada la solución, conviene acompañarla de una explicación, en la que demostramos la comprensión del problema y del resultado.