Las expectativas son una parte integral de la experiencia humana.
Nos ayudan a planificar el futuro, a establecer metas y a motivarnos para alcanzar logros.
Sin embargo, si no se gestionan adecuadamente, pueden tener un impacto negativo en nuestra vida.
Las expectativas son creencias o suposiciones acerca de lo que debería suceder en el futuro.
Se forman a partir de nuestras experiencias pasadas, aspiraciones personales y las influencias culturales y sociales.
Pueden referirse a cualquier aspecto de la vida, como: el trabajo, las relaciones, el rendimiento académico o incluso los eventos cotidianos.
Vivir bajo la presión de unas expectativas irrealistas, es vivir con frustración permanente, resignándonos a pensar que «no podemos», «no valemos» o «no somos suficiente».
Si constantemente nos sentimos incapaces de alcanzar nuestras metas, podemos empezar a dudar de nosotros mismos.
Cuando nos enfocamos en lo que debería de ser en lugar de lo que es, perdemos la capacidad de disfrutar el momento presente.
La insatisfacción continua nos priva de a felicidad y satisfacción que podríamos encontrar en el aquí y ahora.
Establecer metas realistas es fundamental para reducir la presión y aumentar la satisfacción personal.
Dividir los objetos grandes en pasos más pequeños y manejables, puede hacer que parezcan más alcanzables y reducir la presión.
Practicar la aceptación y enfocarse en el proceso también son estrategias clave para gestionar nuestras expectativas de manera saludable.
Aprender a establecer metas realistas, practicar la aceptación o enfocarse en el proceso, son estrategias clave para gestionar nuestras expectativas de manera saludable.
Al hacerlo, podemos reducir la frustración y la decepción, y en consecuencia, aumentar nuestra satisfacción y bienestar personal.