Una de esas causas la encontramos en los procesos de ruptura de la pareja cuando hay hijos en la unidad de convivencia, y que en muchas ocasiones quedan a cargo de sus madres que heroicamente asumen la carga del cuidado de estos hijos, su educación y asumen también una carga laboral en exclusiva dentro y fuera del hogar. Si añadimos algunos ingredientes como puede ser la carga emocional y psicológica de una ruptura sentimental, la falta de empleabilidad en el mercado laboral o si se consigue, con salarios precarios, jornadas parciales; y en ocasiones, el incumplimiento de la manutención por parte del otro progenitor, nos encontramos ante una situación de fragilidad por sobrecarga física, psicológica y emocional a la que llamamos vulnerabilidad. No es necesario que concurran todas estas circunstancias, a veces, una sola puede desestabilizar a una persona y llegar a necesitar apoyos de su entorno, de asociaciones o instituciones. La pobreza sobrevenida a las mujeres en edad de jubilación es otra causa de vulnerabilidad. Las afectadas son mujeres mayores de 65 años que durante su periodo de vida activa no cotizaron un mínimo de 15 años al sistema público de pensiones y que han tenido que subsistir en 2022 con 5.899€ anuales, divididos en doce pagas más dos extraordinarias. En el lado opuesto, es decir, ser mujer y ser joven también puede generar situación de vulnerabilidad en algún momento, sobre todo cuando existe la necesidad de acceder a un mercado de trabajo que penaliza a los jóvenes en general y a las mujeres jóvenes en particular. La especialización de las mujeres en sectores como el de los cuidados o en el de telemarketing en los que los salarios son especialmente bajos y las jornadas a menudo parciales, favorece la situación de precariedad económica e inestabilidad laboral.