Prestar más atención, lo que implica ponerse en el lugar del paciente, para que sea más fácil que este se comunique y coopere con el profesional.
Practicar la escucha activa, una forma de comunicación en la que el oyente demuestra que ha entendido al hablante, es una de las claves del éxito para comunicarse con personas mayores.
Sentirse escuchado ayuda a estos pacientes a sentirse arropados y les genera confianza.
Dejar de hacer varias cosas a la vez mientras se habla con ellos es necesario, ya que los pacientes mayores dan mucha importancia a que se les mire a los ojos mientras habla.
No usar un lenguaje demasiado técnico es crucial, ya que el paciente mayor espera encontrar en el farmacéutico una persona que le explique de manera sencilla qué medicamento debe tomar, para qué lo debe tomar y durante cuánto tiempo.
No hacerles sentir que sus males son debidos a la edad o a que son quejicas es importante, así como mantener la paciencia y la empatía para permitir que el paciente sienta que puede expresarse con confianza.
Hablar más despacio es necesario, ya que algunos pacientes de edad avanzada pueden tener problemas de pérdida de audición, lo que complica la comunicación.
La comunicación no verbal tiene un peso muy importante en nuestras conversaciones y ayuda mucho a crear un ambiente en el que el paciente mayor se sienta cómodo.
Hacer recomendaciones concretas es esencial, ya que el paciente de edad avanzada no se irá satisfecho si se le dice que debe tomar su medicación, caminar un poco durante el día y beber mucha agua, sino que necesita saber durante cuánto tiempo es bueno que camine, cuántos litros de agua debe beber y qué puede o no comer.
Preguntar siempre al paciente si lo ha entendido todo es clave para ofrecer una atención farmacéutica de calidad y evitar malentendidos.