Para fortalecer las capacidades comunicativas del cuidador principal, es importante Procurar transmitir mensajes de la manera más clara posible, evitando giros rebuscados, sintaxis complicadas, metáforas, etc.
Analizar qué palabras expresan mejor los conceptos que queremos transmitir y las que puedan ser comprendidas mejor por ellos/as.
Observar la capacidad lingüística de los residentes, lo que ayudará a saber qué conceptos pueden ser utilizados sin problemas, cuáles habrá que explicar y cuáles se deben evitar.
Utilizar palabras adaptadas al nivel de comprensión de los pacientes.
Para ello, no usar expresiones coloquiales o extranjeras, términos técnicos, etc.
Prestar atención a aspectos como el volumen, la entonación, la pronunciación y la velocidad durante el discurso comunicativo.
El mensaje debe estar correctamente estructurado.
El mensaje debe ser claro y conciso, evitando dar pie a diferentes interpretaciones.
Debemos seleccionar el momento más adecuado para iniciar la comunicación, evitando situaciones que puedan entorpecer la misma.
Debemos comunicar sólo aquello que sabemos con certeza, evitando dar mensajes falsos o incompletos.
Debemos adaptar el contenido y la forma del mensaje a las características del usuario al que nos dirigimos.
No podemos caer en contradicciones, siendo coherentes en nuestro lenguaje verbal y no verbal.
Debemos prestar mucha atención al proceso de feedback, ya que a través de éste seremos conscientes de la interpretación que nuestro interlocutor ha hecho de la información y de si su grado de comprensión es el requerido.
Observar atentamente el registro expresivo de los usuarios para obtener una buena información sobre el nivel de comprensión del mensaje y el estado emocional del paciente, lo que resulta de gran utilidad durante la realización de las labores profesionales.
Pensar lo que vamos a decir y cómo vamos a decirlo; es decir, intentar que haya coherencia entre lo que decimos y el modo en que lo decimos, para que la interpretación de los mensajes por parte de los pacientes sea correcta y no genere desconfianza o incertidumbre.
Reforzar con lenguaje no verbal los mensajes verbales que lanzamos, para complementarlos.
Escuchar con atención, esforzarnos por entender aquello que el usuario nos comunica y hacerle sentir que está siendo comprendido.
Establecer una conexión con los sentimientos e intereses del paciente; intentar ponernos en su lugar y compartir sus sentimientos (empatizar).
Evitar que, a través de los mensajes no verbales de los cuidadores, se refuercen conductas problemáticas.
Apostar siempre por la formación y el reciclaje de conocimientos, intentando ofrecer la mejor de nuestras “sonrisas” con el fin de satisfacer las demandas de nuestros pacientes/clientes.