En el nivel de prevención primaria se engloban medidas universales de atención, protección y promoción de la salud con las que se pretende llegar a todas las familias. En el nivel de prevención secundaria, el objetivo es detectar lo antes posible las necesidades de los niños ligadas a enfermedades, trastornos o situaciones que pueden representar un riesgo para ellos. En el nivel de prevención terciaria se pone en marcha cuando ya se ha detectado la existencia de algún problema y tiene el objetivo de prevenir el avance de esa situación y de los factores que puedan influir en el desarrollo del menor. Esta atención puede incluir terapias del habla, físicas y de otros tipos, en función de las necesidades de cada niño y de su familia. Se busca un diagnóstico precoz, algo imprescindible para poder intervenir cuanto antes. Para ello, existen programas y protocolos especiales ante determinadas situaciones de riesgo. Por ejemplo: niños prematuros, madres adolescentes, madres con más de 35 años, etc. En esta etapa deben implicarse los padres pero, también, pediatras, obstetras, educadores, trabajadores sociales, etc. El objetivo será mejorar las condiciones de desarrollo del menor, a través de actuaciones en las que no sólo éste está implicado sino también su entorno. Es muy importante iniciar este nivel de intervención en cuanto se detecte alguna anomalía en el desarrollo del niño y hacerlo de forma planificada y coordinada, con carácter interdisciplinar.