La mejor forma es prepararse para ello. Como norma, no se va a ir de la noche a la mañana, sino que lo anunciará con tiempo. Aprovecha ese tiempo para concienciarte. Ponte en marcha mientras tus hijos están aún en casa. Tómalo como una oportunidad y plantéate hacer aquello que la paternidad te obligó a dejar de lado: tus viejas aficiones y hobbies. Establece reuniones con amigos, márcate nuevas rutinas, de modo que tengas una buena base estas primeras semanas y meses. Recuerda además que llenar tu tiempo con cosas nuevas te proporcionará mucho de qué hablar cuando veas a tus hijos o hables por teléfono con ellos.
Ten presente que la relación con tu hijo no se acaba cuando abandona el hogar: cambia, simplemente. Tienes que darte tiempo para “llorar la pérdida”, no un rato de llanto que te consuele brevemente, sino hasta que ese hito se asiente definitivamente en tu vida. Acepta estos sentimientos de tristeza. La relación padres/hijos entra en una nueva etapa y requiere tiempo para aceptar la nueva normalidad. Debes aceptar que los hijos te van a necesitar de otra forma, una vez fuera de casa. No mires tu casa como un lugar vacío, sino como un espacio de calma y serenidad. No hay nada malo en el pensamiento “¡por fin la casa en paz!” Hasta tus hijos, cuando os visiten, estarán de acuerdo.