Eso se observa en parte porque la línea que los separa se ha vuelto muy imprecisa.
El hijo adulto siente que, bien, aquí tengo mi propia vida y mis obligaciones, y no estoy aquí solo para estar a tu disposición cada vez que lo desees.
Aunque no provoque un gran distanciamiento, sin duda puede desencadenar una relación más conflictiva.
La forma en que respondas a las quejas o las críticas es esencial, así que debes intentar no ponerte a la defensiva, sino simplemente encontrar la parte que hay de verdad.
Si sientes que tu hijo está reescribiendo la historia, puedes decirle: Caramba, no es así como lo recuerdo, pero seguro que no me acuerdo de todo y no sabía que te sentías así.
Todas las relaciones pasan por momentos difíciles y quizá tomar un respiro pueda ayudar, sugiere Steinberg.
Intenta darle a tu hijo algo de espacio y fíjate si las cosas mejoran al cabo de unas semanas.
Creo que, o no pasa nada y simplemente están ocupados, o sí pasa algo, y quizá deberías tener una conversación tranquila para intentar averiguar de qué se trata, recomienda Steinberg.
Tal vez eso sea lo mejor que tu hijo pueda ofrecer en ese momento.
Es más, quizá no tenga nada que ver contigo, sino con algo por lo que tu hijo esté pasando o haya pasado.
Ser un gran padre no te garantiza que tendrás una relación con tu hijo para toda la vida, sostiene Coleman.