Los límites físicos o sexuales son aquellos asociados con el espacio personal o el contacto físico.
Dentro de esta categoría estarían los límites sexuales, es decir, hasta dónde estamos dispuestos a llegar cuando mantenemos relaciones sexuales.
Es muy importante que, antes de poner límites, te analices y reflexiones sobre cuáles son tus propios límites.
No podemos pedirle a alguien que los respete si antes no nos hemos parado a pensar cuáles son.
Es decir, tienes que conocer hasta dónde quieres llegar y hasta dónde vas a dejar a la otra persona que llegue.
Esto te llevará a un proceso de autoconocimiento.
Una vez que tengas claro los límites, es imprescindible que se los comuniques a la otra parte de manera clara y respetuosa.
Para conseguir una comunicación efectiva, puedes usar la asertividad.
Después de comunicarlos es muy importante que seas consciente a la hora de aplicar los límites.
En otras palabras, si ves que la otra parte sobrepasa los límites, tienes que hacérselo saber.
Igualmente, es fundamental que siempre te preocupes de que respete tus límites.
Cuando los límites se respetan unas veces y otras no, también se da lugar a una relación tóxica o poco saludable.
De la misma forma que ponemos límites a los demás, también es relevante que escuchemos los límites de la otra parte y que hagamos todo lo que está en nuestra mano por respetarlos.
Todos los pasos anteriores, te ayudarán a construir una relación basada en la empatía y en el respeto mutuo.