Privacidad personal: Es el primero y el más importante.
Como hemos dicho, conservar nuestra intimidad y privacidad es clave para fomentar la confianza, y reducir la dependencia.
Por ejemplo, acordar no mirar el teléfono del otro, o no sentirnos forzados a compartir cierta información del pasado.
Familiares: También resulta interesante pactar límites con relación a las familias.
Por ejemplo, acordar aproximadamente la frecuencia de visitas mutuas, o detalles que nos sentimos cómodos, que conozcan o no de la relación.
Comunicación: Es a través de esta con la cual establecemos los principales límites en la relación.
Por ello, por ejemplo, procurar cero tolerancia a los gritos e insultos puede ser un buen punto de partida.
Autonomía: Respetar nuestro espacio es clave.
Así, es especialmente importante procurar tomar nuestras propias decisiones, trabajar hacia metas personales y cuidar y potenciar nuestro tiempo a nivel individual mediante actividades y planes que nos llenen.
Espacio físico: A veces se nos olvida la importancia de cuidar y respetar tanto nuestros espacios como los del otro.
Que cada uno tenga su espacio en casa, no solo para la ropa, sino para otros aspectos, es muy sano.
Incluso estando en el mismo espacio, poner cierta distancia para fomentar la libertad e individualidad es clave.
Economía: Pactar la forma en que se gestiona la economía también da mucha tranquilidad, y fomenta la confianza mutua.
Cada relación decide si todo se hace en común o cierta parte por separado, pero es importante poner límites al gasto, y al uso que se le da al dinero.
Tareas domésticas: Colaborar y pactar tareas a realizar en colaboración e individualmente también es sumamente importante.
Cada uno tendrá su criterio, así que es importante encontrar un cierto equilibrio entre ambos.
Redes sociales: Por último, y no menos relevante, resulta clave decidir tanto los detalles que se comparten en redes como el tiempo que se invierte en ellas estando juntos.