Pero ya es hora de ser menos duras con nosotras mismas y apreciar por fin lo que tenemos en vez de lo que no tenemos. De entender que, en realidad, nadie es tan feliz como aparenta en las pantallas. Analízate Cuando te comparas estás revelando una profunda necesidad interior, así que fíjate en lo que te fijas. Por ejemplo, si te estás comparando con alguien que se ha vuelto a ir de vacaciones, ¿qué te dice eso? ¿Por qué tienes tantas ganas de viajar y qué estás haciendo al respecto? En realidad, las millas de vuelo de los demás no tienen nada que ver: lo importante es que tal vez estés ignorando que necesitas un cambio de aires.
Puede que el camino hacia la felicidad en particular que tú quieres no sea directo ni fácil. La pregunta más importante que debes hacerte para avanzar hacia ese objetivo es: “¿Cuál es el siguiente paso que tengo que dar?”.
Si te vas repitiendo y contestando esta pregunta, te sentirás más fuerte cada vez y, al final, te cambiará la vida. Rodéate de las personas adecuadas Las comparaciones proliferan cuando nos sentimos solos y desamparados. Como escribió Jim Rohn, “tú eres la suma de las cinco personas con las que pasas más tiempo”; así que, niños aparte, piensa qué personas prefieres tener más cerca. Búscalas, apégate a ellas y reduce el tiempo que has de compartir con esas otras que no te hacen sentir bien.