No se trata de que durante la meditación pensemos en algo determinado. Se trata de que mantengamos la atención y la presencia a la corriente de pensamientos que vienen y van, ideas que a menudo suelen terminar por despistar al meditador que de pronto, se ve atrapado al seguir el hilo de las mismas y perder momentáneamente el estado de observación y presencia. El hecho de atestiguar se realiza en un nivel de tal neutralidad que en sí mismo ni se opone ni favorece los pensamientos que más puedan agradar o desagradar. Un estado que Krisnamurti señaló como “conciencia sin elección”.
Una metáfora que señala la conveniencia de observar cada pensamiento y centrarse en mirar la entrada y salida de los mismos. Durante la meditación suele asimismo suceder que de pronto, nos damos cuenta de que “eso” que estamos pensando, concretamente las imágenes y procesos que están ocupando nuestro marco de percepción, tan solo “son pensamientos”.
Cuando este darse cuenta aparece, sucede que automáticamente se interrumpe la cadena de asociación de ideas que hasta ese momento venían a nuestra mente. Es decir, la cadena se rompe y se vuelve al “aquí ahora” de la presencia. Una vuelta al “ahora” que durará hasta que nos volvamos a despistar. Se dice a menudo que, durante la meditación, “lo importante no es el despistarnos o no despistarnos, sino el darnos cuenta de que uno se ha despistado”.