Primero, lo que nos decimos a nosotros mismos es importante. Todo ser humano habla consigo mismo. Si nos decimos que estamos estancados y que no hay salida, es probable que esto resulte en quedar atascados. En lugar de ceder a estos pensamientos que nos regañan, preguntemos: ¿qué afirmaciones honestas podemos decirnos para animarnos?
Primero, ayuda mucho hacer una evaluación realista de la situación. Supongamos que estamos en un trabajo que no nos satisface, pero carecemos del entrenamiento, habilidades o experiencia para buscar otra carrera que nos gusta. Hablando con nosotros mismos, podríamos decirnos: “No tengo por qué claudicar o abandonar mi sueño. Puedo conseguir entrenamiento en el campo que me apasiona”.
Notemos que no estamos exagerando o entregándonos un falso sentido positivo, porque si no creemos lo que decimos, no servirá de nada.
Lo que hacemos es importante. Cuando nos sentimos estancados mentalmente, es fácil quedarnos allí.
Para liberarnos de un mal hábito debemos hacer algo que cambie nuestra perspectiva y situación. Debemos hacer algo nuevo, algo diferente que aborde nuestro estancamiento.
Para lograr cambios todo depende a quién recurrimos. Aunque con frecuencia nos sentimos solos, no estamos solos.
Hemos sido creados por Dios quien nos ama, está con nosotros y nos ha creado con un fin.
Cuando estamos estancados, compartámosle a Dios nuestros deseos, nuestros temores, frustraciones y desilusiones.
Confiemos que Dios proveerá de ayuda cuando le compartimos esa emoción de sentirnos estancados.
Podemos hacer una pausa y descansar sin regañarnos, ¡pero jamás deberemos de detenernos!
Recuerda que lo que dices tiene importancia.
Dar aunque sea un pequeño paso hacia la meta es algo bueno, y Dios siempre hace cosas nuevas.
¿Qué vas a hacer hoy día para ponerte de camino a la liberación?