Revisa las creencias que tienes al rededor de “debo ser”, “tengo que comportarme…”, “he de mostrarme”.
Y cuestiona si realmente tienes que hacer y ser todo eso que te has autoimpuesto para ser feliz y recibir el cariño de los demás.
Comprueba cuando estés seguro de lo que están pensando los demás de ti, y pregúntales, investiga, antes de llegar a esa conclusión.
Cuando sientas que estás en un lugar con mucha gente, y que las miradas están sobre ti como si tuvieras un foco, observa con objetividad lo que los demás están haciendo y baja la intensidad de esa creencia o sensación.
Haz conciencia de que más vale que te quieran por quien realmente eres, a que quieran una máscara o un personaje ficticio que se comporta como los demás quieren que seas.
Date cuenta de lo cansado que es estarte comportando como los demás quieren, pues en cada ocasión o con cada persona tienes que andar cambiando el disfraz, eso por sí mismo es demasiado estresante, mucha energía gastada en querer complacer a otros.
Recuerda que los juicios que hagan los demás de ti es tan sólo un reflejo de los juicios que tienen sobre ellos mismos, de lo que ellos mismos no se permiten, de lo que rechazan en ellos.
Empieza tú por dejar de enjuiciar o criticar a los demás, se congruente, si tu no quieres recibir críticas o juicios, no los hagas.
Date a ti mismo la aceptación que buscas de los demás, aprobando tus gustos, acciones, movimientos, gestos y palabras porque son tuyos y porque así lo eliges tú.
Cuestiona si realmente los demás te dejarían de querer si eres auténtico y te muestras tal y como eres, si abres esa caja de pandora que de repente escondes.
Evalúa y registra cada vez que te sientas juzgado por esa persona que más te duele su juicio, y cuestiona si eso de lo que te sientes enjuiciado tú también te juzgas a ti mismo.
Si tu no tienes problema con algo que te dicen los demás…entonces, ¿qué importa?
Balancea la probabilidad de que estés filtrando las veces que sí te aceptan y que sí te reconocen por quien eres, y empieza a poner atención a esos momentos, si no los ves, presta más atención y regístralos a lado de las veces que te sientes juzgado.
Atrévete a ser diferente y ser auténtico, libérate de las máscaras y deja de culpar o juzgar a tus padres si ellos desde su ignorancia sembraron esas creencias en ti.