Reconocer las preocupaciones como lo que son, ya se ha mencionado que las preocupaciones son pensamientos, por lo que no debemos darles el valor de un hecho o una predicción real. Para diferenciar la realidad de nuestros pensamientos podemos utilizar frases como estoy pensando que…, la preocupación me avisa de que lo que podría llegar a ocurrir es que…. Lejos de atribuir esos pensamientos molestos a un defecto en nuestro funcionamiento o a problemas psicológicos, debemos normalizar su aparición. Tomar conciencia de la utilidad, podemos utilizar un diario en el que anotemos cuál es la preocupación, qué es lo que creo que va a ocurrir y si considero que tengo herramientas para afrontarlo o no. Puedes empezar recopilando información de preocupaciones pasadas para ayudarte a relativizar las del presente. Poner límites, es un punto esencial para tener relaciones sanas con los demás, también lo es para mantener una adecuada relación con nosotros mismos y los productos de nuestra mente. Coger distancia y analizar, el uso de la lógica también puede ser una herramienta para relacionarnos de manera diferente con las preocupaciones, para hacer un buen análisis puedes preguntarte cómo de probable es que ocurra lo que temo, cómo de grave sería para mí, podría asumir las consecuencias, puedo hacer algo razonable aquí y ahora para prevenir lo que temo. El objetivo de las pautas no es impedir la aparición de preocupaciones, sino favorecer que no sean ellas las que dominan nuestra vida y facilitar la promoción de emociones más agradables.