La mente puede jugar muy malas pasadas. Es más, hay veces que nos puede llevar a imaginar cosas que realmente no pasan. Y lo peor, se pueden pasar por la cabeza actos que son horribles.
La fobia de impulsión consiste en un conjunto de pensamientos obsesivos en los que se teme un impulso irracional en el que se hace daño a una persona. De hecho, comúnmente se conoce como el miedo a hacer daño o a ceder ante el impulso de hacer daño. Por norma general, este tipo de pensamientos son imaginaciones en las que la persona que lo padece visualiza que hace daño a alguien o a uno mismo.
El problema es que, cuando aparecen estos pensamientos, se intente apartar ese pensamiento, volviendo a la cabeza con más fuerza todavía.
Son totalmente incoherentes e inaceptables, desde su punto de vista, por lo que exponer este tipo de pensamientos a su círculo de confianza le resulta imposible. Por todo ello, la persona que padece fobia de impulsión intenta contener ese tipo de pensamientos y suprimirlos, pero precisamente el mayor esfuerzo por retenerlos supone una mayor impacto de los mismo, lo que supone un auténtico tormento.
Llegados a ciertos extremo, se puede llegar a pensar en el suicidio para poner fin a dicho sufrimiento.
A pesar de que este tipo de pensamientos son mucho más comunes de lo que parecen y que muchas más personas lo padecen, es muy complicado explicar a un amigo o familiar lo que se le pasa en la cabeza. ¡Imagínate decirle que has pensado en matarle! Si bien es cierto que la persona que lo sufre no llega a cometer nunca tales actos, no cabe la menor duda de que, si se trata de una situación grave, necesita hablar con un profesional.