Si cometes un error, respira. Es lo primero y más importante. Lo que conseguimos al respirar es que todas esas emociones desagradables que nos invaden no tomen los mandos. Tómate un minuto y piensa en lo que sientes, y asumir los errores no es fácil, aprender a admitirlos resulta indispensable, no solo para crecer, sino para mantener una buena relación en tu entorno laboral. Reconocer tu error y pensar en soluciones para arreglarlo o evitar que se repita en el futuro es el siguiente paso, así como ser comprensiva contigo misma. Cometer un error puede ser emocionalmente complicado, por eso es importante que trabajes la comprensión y tengas una autoconversación que se aleje de la crítica y te permita poner la situación en perspectiva. Y recuerda, ni tus fracasos ni tus errores te definen. Son solo una parte de la vida con la que debemos aprender a convivir.
Puede ser dar tu opinión en una reunión, probar un restaurante nuevo o hablar con un desconocido. Con el tiempo, estas pequeñas acciones construirán tu resiliencia frente al miedo al fracaso. Y es que el coraje no se trata de no tener miedo, es la capacidad de ejercer control sobre nuestra vida y que eso te permita superar las limitaciones personales como el miedo. La psicóloga Carol Dweck afirmaba “no temas equivocarte, nunca es tarde para aprender”. La atiquifobia o miedo al fracaso, es una condición psicológica que se manifiesta como un temor intenso, irracional y persistente ante situaciones que puedan suponer un fracaso para la persona, es necesario también que tus metas sean realistas y que comiences a trabajar en tu resiliencia.