Respira de forma consciente: cierra los ojos y ve llevando primero la respiración hacia el abdomen y después hacia la zona de tu corazón.
Observa cómo los latidos se van haciendo más lentos y cómo cambia tu estado de ánimo.
Escucha música: elige dos o tres canciones que te gusten y reprodúcelas.
Tu mente las asociará a un estado de positividad.
Realiza afirmaciones: acompaña las técnicas anteriores con frases que sean relajantes y útiles para ti.
Por ejemplo: "No tiene ninguna importancia, soy capaz de mantener la calma", "soy mucho más importante que esta situación", "mi felicidad es mucho más grande que esto".
Prioriza: a veces nos estresamos porque tenemos que hacer muchas cosas al mismo tiempo.
Escribe en un papel las actividades pendientes por orden de importancia y ve haciéndolas de una en una.
Huele la naturaleza: extiende un par de gotas de un aceite esencial en las palmas de las manos y llévalas hacia la nariz mientras respiras profundamente durante un minuto.
Conecta con tu cuerpo: con los ojos cerrados, toma aire y, al soltarlo, siente tu cuerpo desde el interior.
Siente la gratitud: piensa en todo aquello por lo que puedes estar agradecida en este momento.
Identifica las señales de tensión en tu cuerpo: es posible que sientas cómo se tensan los músculos, cómo se aceleran tu respiración o tu corazón o cómo sube tu temperatura corporal.
Respira hondo: cuando estamos bajo presión respiramos más superficialmente, ya que el cuerpo está preparado para el ataque o la huida.
Concéntrate en la respiración e intenta que sea más profunda y calmada.
Concéntrate en otra cosa: ante situaciones complicadas, muchas veces nos encontramos con que no podemos parar de pensar continuamente en ello y hay que tratar de evitarlo.
Visualiza un paisaje en tu mente, escucha música, mira vídeos en Internet o lee un libro.
Muévete: así lograrás que toda la energía y la tensión que has detectado en tu cuerpo se concentren en una actividad productiva.
Puedes saltar, correr, nadar o simplemente salir a caminar.
Mastica un chicle: para muchas personas comer es una solución para rebajar los niveles de estrés o de nervios.
Como no queremos arreglar un problema y crearnos otro, lo mejor es mascar un chicle sin azúcar.
Hazlo de forma consciente y lenta.
Juega: da igual a qué, pero hazlo.
Jugar nos conecta con nuestra infancia y nos relaja porque es un momento en el que nos dedicamos a nuestro disfrute y placer y conseguimos olvidarnos de lo que nos ocupa durante un rato.
Utiliza el sentido del humor: es básico para llevar una vida feliz y plena y aún más en las situaciones complicadas.
Intentar sacarles el punto humorístico puede hacer que se relajen las tensiones.