El uso del ‘yo’ en lugar del ‘tú’. No acuses o culpes a la otra persona. En lugar de ello, es más efectivo hablar desde tu propia experiencia empleando frases como “yo siento que” o “yo necesito”. Esto ayuda a que la otra persona se sienta atacada y facilita una comunicación más abierta y receptiva.
La técnica del disco rayado. Consiste en repetir de manera calmada y firme, sin ceder ante la presión o la manipulación. Por ejemplo, si alguien insiste en que hagas algo que no quieres hacer, puedes responder de manera asertiva repitiendo tu posición una y otra vez sin necesidad de entrar en discusiones innecesarias.
La técnica del banco de niebla. Se basa en aceptar parcialmente la crítica o la queja de la otra persona, pero sin comprometer tus propios valores o necesidades. Por ejemplo, puedes decir “Entiendo que puedas pensar eso, pero yo veo las cosas de manera diferente”.
El elogio positivo. Consiste en expresar aprecio y reconocimiento por los esfuerzos o cualidades positivas de la otra persona antes de plantear tus propias preocupaciones o necesidades. Esto ayuda a crear un ambiente más receptivo y colaborativo para la comunicación.
La técnica del cuerdo asertivo. Esta técnica busca un compromiso que sea satisfactorio para ambas partes en lugar de tratar de imponer una sola solución. Esto demuestra flexibilidad y disposición para trabajar juntos para encontrar una solución mutuamente beneficiosa.
La técnica del tiempo libre. Busca establecer límites claros en cuanto al tiempo o los recursos que estás dispuesto a dedicar a una situación o tarea. Por ejemplo, puedes. decir algo como “Estoy dispuesto a ayudarte, pero solo tengo 30 minutos disponibles en este momento”.
La técnica de la confrontación constructiva. Consiste en abordar los problemas o conflictos de manera directa y respetuosa, buscando una solución que beneficie a ambas partes. Esto implica expresar tus preocupaciones de manera clara y específica sin atacar a la otra persona ni perder de vista el objetivo de resolver el problema.