Mediante el desarrollo de la conciencia de la conexión mente-cuerpo y el uso de intervenciones específicas, la terapia somática ayuda a liberar la tensión, la ira, la frustración y otras emociones que permanecen en el cuerpo del paciente debido a estas experiencias negativas pasadas. Un terapeuta puede ayudar al paciente a entrar en un estado consciente pidiéndole que se dé cuenta de ciertas cosas: si está molesto, ¿qué hay en su cuerpo que le dice que está molesto? ¿Es una opresión en el estómago? ¿O una sensación oscura en el pecho? Luego, el terapeuta le pide al cliente que se concentre en esas sensaciones y, al observar los gestos y posturas del cliente, descubra qué movimiento le hubiera gustado hacer, pero no pudo. El centrado es una práctica fundamental en la terapia somática en la que un paciente desarrolla una base tranquila en el cuerpo. Se logra a través de la creación de conciencia de los músculos, la respiración y el estado de ánimo. El trabajo corporal también forma parte de la terapia somática. El trabajo corporal implica que un médico trabaje con el movimiento del cuerpo o la cara de un paciente y puede implicar que el terapeuta manipule el tejido de un paciente. El trabajo corporal también puede incluir patrones de respiración y meditación guiada. Al ralentizar la respiración, los pacientes pueden sentir más lo que sucede a su alrededor y dentro de ellos.