Escoge previamente el momento y el lugar apropiados para la comunicación donde se pueda hablar en un ambiente sin distracción o interrupción. Establece un buen rapport, es decir, genera sintonía, conexión, mediante un clima de confianza, afecto o simpatía. Usa un buen tono de voz. Empatiza, ponte en el lugar del otro para comprender mejor cuáles son sus necesidades, preocupaciones y motivaciones y así adaptar mejor tu mensaje. Mantén la sintonía entre tu comunicación verbal y no verbal. Proporciona y solicita feedback. Practica la escucha activa. Una escucha activa parte de hacer preguntas apropiadas para que nuestro interlocutor se exprese. Escuchar con atención lo que nos transmite, sin interrumpir y reformular los enunciados iniciales hasta llegar a los objetivos marcados. Debes estar alerta a las posibles diferencias en la percepción, y si no nos comprenden la idea hay que expresarla de distintas formas hasta su entendimiento. Tómate el tiempo necesario, para conocer bien a la persona antes de emitir un comentario o de catalogarla. Pregunta directamente a la persona implicada si tienes dudas en relación a ciertas situaciones, no des por hecho algo basado en suposiciones. No te precipites. Procura mantener en todo momento un estado de relajación.