La terapia centrada en la compasión es una modalidad terapéutica desarrollada por el psicólogo Paul Gilbert a inicios de los años 2000 basándose en los principios de la psicología evolutiva y del desarrollo, las Neurociencias, la psicología social, la terapia cognitivo-conductual y la filosofía budista. Se enfoca en enseñar a las personas a desarrollar la compasión y la autocompasión para ayudarlas a regular su estado de ánimo, promoviendo la autoaceptación y una sensación de seguridad y autoconfianza. La terapia de la compasión postula la existencia de tres sistemas básicos que intervienen en la regulación emocional, de manera que trabaja en la percepción de las amenazas, los impulsos y la motivación, así como en las necesidades de autoprotección, satisfacción y seguridad. Su principal objetivo es equilibrar esos sistemas para evitar los comportamientos o pensamientos desadaptativos que pueden conducir a la aparición de trastornos mentales.
En esta terapia, el psicólogo Russell L. Kolts, pionero en el uso de la terapia basada en la compasión para tratar la ira, propuso un modelo basado en cuatro “capas” o fases del tratamiento: Relación terapéutica, Comprensión compasiva, Mindfulness y Prácticas de compasión. En la última etapa, se anima al cliente a cambiar su voz crítica y recriminatoria por un diálogo interior más amable y compasivo. El terapeuta también le enseña a tratarse de manera más respetuosa y amable, de manera que pueda hacer acopio de valor para afrontar las situaciones que lo intimidan.
La terapia centrada en la compasión es eficaz para abordar una amplia gama de problemáticas emocionales, desde los trastornos de ansiedad hasta los trastornos del estado de ánimo, los trastornos de la personalidad, los problemas de la conducta alimentaria, el trastorno de acumulación e incluso algunas psicosis. Básicamente, el terapeuta aborda los patrones de vergüenza y autocrítica que están en la base de dichos trastornos o los alimentan, y que muchas veces se deben a experiencias de abuso o negligencia emocional sufridas durante los primeros años de vida. El objetivo final de esta intervención psicológica es lograr que la persona se aleje de esa forma de percibir el mundo centrada en las amenazas para que pueda desarrollar una perspectiva más amable, sabia y confiada, la cual se reflejará en la relación consigo mismo y con los demás.