La terapia centrada en la compasión CFT es una modalidad de terapia desarrollada por Paul Gilbert destinada a generar una motivación compasiva y emociones dirigidas al cuidado en los pacientes, así como a desarrollar cierta clase de equilibrio emocional. En la tradición budista, se dice que el pájaro de la sabiduría tiene dos alas, una de ellas es la atención y la otra es la compasión. La compasión tal y como se entiende en el campo del Mindfulness y la psicoterapia no tiene nada que ver con la lástima o la superioridad, sino que se vincula a la apertura y sensibilidad al sufrimiento y motivación para reducirlo o prevenirlo. Según Paul Gilbert, hay dos aspectos que se derivan de la definición, por un lado, el coraje de acercarse al sufrimiento, de aceptar aquellos que no nos gusta, aceptar nuestras reacciones, y por el otro, la habilidad de intentar aliviar y prevenir el sufrimiento. Este modelo se nutre de varias fuentes: psicología evolutiva, teoría del apego, neurociencia afectiva, Mindfulness y psicología profunda, y está dirigido a personas con altos niveles de vergüenza y autocrítica. La terapia centrada en la compasión CFT se ha aplicado a una lista creciente de problemas, entre los que se incluyen depresión, psicosis, comer compulsivamente, ansiedad, ira, traumas, ansiedad social y trastornos de la personalidad.
El esquema que guía la terapia es un modelo de 4 capas, en el que aparecen escalonadas las fases de la terapia. En esta etapa el reto es proporcionar un entorno cálido y seguro en el que la persona que acude a terapia puede reconocer y experimentar al terapeuta como una persona comprometida con su bienestar. En esta fase nos centraremos en ayudar a los clientes a empezar a comprender sus emociones y sucesos vitales de una manera compasiva y carente de culpa. Aquí veremos cómo la evolución ha jugado un papel muy importante en el modelado de nuestras emociones, así como de nuestra mente y nuestra vida. En esta tercera etapa desarrollaremos la conciencia de la experiencia en sus diferentes planos así como el cultivo de la aceptación y el no juicio. En esta fase se posibilitará que el paciente cambie su autocrítica por una voz más amable, se desarrollará el Yo compasivo, esto es, una versión sabia amable y valiente de sí mismos que sirva de referencia para acopiar el valor suficiente para afrontar las cosas que nos aterrorizan.
Un aspecto que es muy importante en la terapia y que puede ayudar a que los pacientes/clientes comprendan muchas de sus reacciones son los sistemas de regulación emocional, entendidos como distintas familias de emociones que actúan en cada uno/a de nosotros. Habría tres tipos de sistemas de regulación emocional. Cuando este sistema se activa, nuestra manera de relacionarnos con el mundo se basa en el temor y en la alarma, y nuestras respuestas se basan en la huida, lucha o parálisis. Este sistema es el que tiene que ver cuando nos situamos en la mentalidad de búsqueda de recursos y activa en nosotros el sistema de recompensa, a través de la lógica de cuanto más éxito tengo, mejor me siento. Este sistema nos permite aportar cierta calma y equilibrio a cada uno de nosotros.
El reto consiste en introducir equilibrio entre los tres sistemas que hemos visto. Cada uno de ellos tiene su función, pero lo que sucede en este tipo de sociedad en la que vivimos es que se produce una predominancia del sistema de logro unido al sistema de amenaza: si no conseguimos lo que pretendemos, nos frustramos. El objetivo final de esta terapia no es otro que conseguir que los pacientes se alejen de formas de estar en el mundo centradas en las amenazas y les acerquen a una perspectiva amable, sabia y confiada.