La compasión es un sentimiento de comunión a partir del sufrimiento compartido. La compasión se produce al presenciar el dolor o el sufrimiento ajeno, y empuja a quien la siente a proteger a la persona afligida o remediar su dolor. La palabra “compasión” proviene del latín compassio, palabra compuesta por las voces con- (“junto a”) y patior (“padecimiento”, “sufrimiento”), por lo que su sentido podría entenderse como “sufrir junto al otro” o “sufrir por el otro”. De modo que, en principio, la compasión se halla próxima a un cierto sentido de la justicia. Asimismo, se distingue la compasión de la lástima, dado que esta última se asocia con un sentimiento de superioridad por parte de quien la siente.
La compasión ha sido considerada un valor por diferentes religiones y códigos morales, así como por tendencias psicológicas o de autoayuda, que han visto en ella un sentimiento de comunión con la sociedad a partir del sufrimiento compartido. En este contexto se cita a menudo la frase del Dalai Lama: “La bondad y la compasión son necesidades, no lujos, y la humanidad no puede sobrevivir sin ellas”. De acuerdo al filósofo griego Aristóteles, los seres humanos sienten compasión por aquellos que “sufren sin merecerlo”.
También se distinguen diferentes tipos de compasión, como la solidaridad, o sea, la capacidad de actuar en beneficio del necesitado sin esperar nada a cambio, como la que se expresa en el mandamiento divino de “amar al prójimo como a sí mismo”, tal y como lo plantea Jesús de Nazaret. Por ejemplo, las tres grandes religiones abrahámicas monoteístas comparten una valoración casi divina de la compasión, y forma parte de sus rezos usuales el pedirle a Dios compasión o misericordia para con sus fieles. El apóstol cristiano Pablo de Tarso definió la compasión como “reír con los que ríen y llorar con los que lloran”.
Algunos ejemplos de actos compasivos, esto es, de acciones que expresan o manifiestan la compasión, pueden ser los siguientes: Compartir la propia comida con el hambriento, incluso a riesgo de no comer bien. Dar limosnas y ayudar a los pobres, ya sea materialmente o a través del voluntariado. Conmoverse simplemente viendo a otro sufrir, al punto tal de ser incapaz de ser indiferente. Devolverle la cartera a una persona que la extravió. Ayudar a un niño perdido a buscar a su madre. Consolar físicamente al afligido. Interceder para defender a un animal que está siendo maltratado.