La carencia afectiva se define como aquella situación donde el niño experimenta privaciones emocionales de tal manera que afecta de forma negativa a la madurez de la personalidad del niño debido a la falta de apego. La falta de estímulos afectivos en la infancia puede provocar trastornos que pueden manifestarse como problemas emocionales, somáticos o de comportamiento. La falta de afecto por parte de la madre provoca un estado psicológico en el niño caracterizado por el miedo, el abandono, la inseguridad. El niño entonces percibe la carencia afectiva, provoca en él malestar, sensación de soledad y vacío que proviene de la falta de afecto y, por ende, la necesidad emocional insatisfecha y de la búsqueda constante de reconocimiento para satisfacerla.
El desarrollo del niño es un proceso continuo a nivel físico, personal y relacional. Desde una edad temprana, los niños necesitan demostrar su amor a través de besos, caricias y palabras cariñosas que favorezcan el correcto desarrollo, crecimiento y maduración del cerebro. Sin estas muestras de afecto por parte de la madre, el niño no se desarrolla bien emocional, física y mentalmente.
La aparición de carencia afectiva puede ser debido a diversas circunstancias: el trabajo, el abuso o el abandono por circunstancias familiares que abruman a la madre, la incapacitan en el desarrollo de las funciones parentales. En todas ella se está dejando al niño sin la supervisión emocional y de crianza para satisfacer sus necesidades básicas, sin la supervisión emocional y de cuidados para satisfacer sus necesidades básicas.