El diálogo es el encuentro de dos maneras de ver la realidad en una misma verdad. Un diálogo no es una discusión en la que uno se impone a otro y uno gana a medida que otro pierde, pues señala que, en un diálogo, a diferencia de una discusión, todos ganan porque nuestra perspectiva crece. El diálogo busca alcanzar colaborativamente, juntos, la verdad. Al hacerlo nos ayudamos unos a otros a encontrar la verdad. Para que haya diálogo uno tiene que sentirse libre. La disposición a una escucha activa es imprescindible. Hay que evitar el prejuicio contra el prejuicio. Los prejuicios son puntos de partida y tienen que ser vistos como posibilitantes y no solo como limitantes de nuestro diálogo y nuestra búsqueda de la verdad. El diálogo empieza siempre por lo compartido, no por lo que nos divide. La verdad es análoga, tiene un factor de unidad y mucha diversidad. Para fomentar una cultura del diálogo, tenemos que manifestar explícitamente nuestra disposición a dialogar en un marco de respeto, buscando la verdad, dando y pidiendo razones. Es importante enseñar a los jóvenes a expresar sus ideas con firmeza, amabilidad y simpatía. La colaboración humana es siempre dialógica, trabajar juntos es mirar juntos en la misma dirección y esto se da en el diálogo. El diálogo auténtico, amable, respetuoso, orientado a la verdad y al bien y condición de posibilidad de la amistad, es una de las formas en que se encarna la trascendencia del trabajo humano.