Estar de acuerdo con tu interlocutor. Cuando expresamos acuerdo en las opiniones sin estarlo, no somos empáticos, somos falsos. Decirle lo que quiere escuchar. Lo que entendemos como “regalar los oídos”, para que nos permita no entrar en conflicto con esa persona. Darle consejos rápidos para resolver su problema. No consiste en solucionar su cuestión o darle unos consejos de “sabio”, se trata de entender el problema para poder ayudar a esa persona. Minimizar la importancia de lo que te está comentando. Algunas personas creen que, restando importancia, o diciendo que no se preocupe, el problema desaparece. Esa persona lo siente como importante, y hay que ayudarle desde su punto de vista. No hagas juicios de valor, no le juzgues. Que difícil es no juzgar. Nosotros tenemos un juez y censurador interior que bajo unas creencias y valores tiende a juzgar a los demás. Intentar no juzgar es un ejercicio de empatía brutal, del que no todas las personas salen victoriosas. No des consejos rápidos. Que difícil es no caer en el precipicio del consejo. Además, solemos apresurarnos sin haber escuchado todo el argumentario o las emociones que siente nuestro interlocutor. Calma, sosiego y escucha. Si te pide que le des tu opinión, o le ayudes, es el momento de decidir si lo vas a hacer y de que manera. No podemos ayudar a todo el mundo, o bien porque no sabemos hacerlo, o bien porque no contamos los recursos necesarios, o porque no queremos.