Para establecer un vínculo seguro con nuestros hijos, es decir, para poder brindarles toda esta confianza y seguridad que les permita ir a aventurarse a los desafíos de la vida, hay que tener en cuenta varios ingredientes.
El primero de todos es la esperanza, la esperanza no es, no es nada más que la espera de que va a suceder el bien, de qué va a suceder lo bueno.
El segundo ingrediente es la confianza: tengo que poder confiar en mí, que soy esta madre con mis torpezas, con mis límites y también con mis potencias.
El tercero es tiempo, necesitamos tiempo, el tiempo es oro y cuando yo dedico tiempo a la escucha activa de mi hijo, le estoy afirmando, le estoy reconociendo.
Si nos paramos a pensar ahora en en etapas evolutivas y permitirme coger el marco de la escuela, yo estoy pensando en cómo establecer un lazo afectivo seguro con mi hijo de infantil.
Para establecer un lazo afectivo con él, le ayudó a identificar: te veo un poquito preocupado, quizás tienes un pequeño susto o tienes muchas ganas de empezar, pero un cierto nervio.
En primaria, cuando hay un desafío que le ha llevado a la frustración, al enfado o incluso la decepción, yo como figura adulta y significativa lo acojo, le entiendo.
Y después de regularle puedo preguntar: ¿y tú, qué se te ocurre que puedes hacer la próxima vez para no vivir este disgusto, quizás es mejorar al fútbol para que te escojan de los primeros.
Por último, se me ocurre poner un ejemplo en la adolescencia, es importante recordarnos que nuestros hijos adolescentes son criaturas extraordinarias, y es importante cuando hablamos del adolescente y de un lazo afectivo, poder revisar cómo vivimos en casa el fracaso.
Nuestro hijo viene con esta vulnerabilidad, que es la experiencia de un fracaso, y lo que necesita por nuestra parte no es una humillación, sino una acogida y un revestirlo de nuevo de confianza y seguridad.