Para aquellas personas que han tenido una infancia difícil, donde sus entornos se vieron empañados de soledad, abuso o tristeza, deben saber que sí se puede sanar, no porque sea necesario sino porque es transformador y liberador perdonar y avanzar.
Si tú has pasado por esos malos momentos que han fracturado el mapa de recuerdos de tu niñez y sientes que las heridas con el tiempo no se borran, sino que al contrario se profundizan, es el momento de soltar y perdonar.
Este es un acto de amor propio y un paso muy valiente para no vivir desde el resentimiento y el dolor.
Sanar no significa olvidar, pero significa querer volver a empezar o al menos decidirse a hacerlo.
Reconoce todo lo que dolió o lastimó, llóralo y suéltalo.
Perdonar no es justificar, pero en ese caso, es renunciar a seguir cargando con el peso del pasado, cuando hay un presente y un futuro mucho mejor.
Cuando perdonas a mamá es posible que la liberes de sus culpas y es la mejor manera para construir y escribir una nueva historia junto a ella.
Sí mamá está presente, crea un ambiente propicio para que se encuentren, no para reclamos y pleitos, pero sí para decirle todo lo que has venido callando, siempre desde el respeto y la tolerancia, indicando las situaciones que te dolieron y dejaron cicatrices.
Y sí mamá ya no está, también la puedes perdonar.
Realiza una carta y recuerda lo que más dolor te causó.
Cuando perdones desde el corazón y la razón, tendrás una posición más compasiva que te dará nuevas herramientas para continuar.