Si eres padre, recordarás cuando fuiste hijo y sabrás qué echaste en falta o qué agradeces aún a día de hoy de aquellos días de infancia. Si tu niñez no fue especialmente feliz entenderás también qué aspectos rompieron ese vínculo emocional con tus padres, esos errores que no deben repetirse bajo ninguna circunstancia con tus hijos.
Educar es también saber decir “No” y a la vez decir que “Sí” con la mirada, porque educar no es solo prohibir, sino abrirles nuestro corazón para reforzar cada día el vínculo emocional con los niños, dándoles a entender que estamos con ellos en cada instante para propiciar su madurez como personas felices y capaces.
Educar es una aventura que dura toda la vida, ahí donde nadie es un verdadero experto.
No obstante, basta con apoyarse en los pilares de la comprensión, del cariño, y en un apego saludable que propicie la madurez y la seguridad en esa persona que es a su vez, parte de ti.
El no escuchar, el no hablar, el no mostrar apertura, comprensión o el usar la sanción por encima del diálogo, son modos de ir alejando poco a poco a los niños de nuestro lado.
Nos verán como enemigos de los que defenderse y romperemos el vínculo emocional con ellos.