La autocompasión no es nada más que sentir lástima por uno mismo.
Un estado en el que te revuelves en lo que te ha hecho sentir tan mal.
Lo peor es que tan solo hacemos esto y no logramos superar las circunstancias.
De esta manera, las situaciones empiezan a someternos.
No les hacemos frente, sino que les permitimos que nos hagan más y más daño.
Independientemente de lo que haya podido provocar que hoy seas una persona autocompasiva, la realidad es que es injusto para los demás.
La autocompasión evita que pensemos en los demás.
Tan solo miramos por nosotros mismos.
Vamos hacia nuestros problemas y no levantamos la vista.
Ahí lloramos, nos lamentamos, nos quejamos…
En ocasiones, ser autocompasivo provoca que no seamos conscientes de que hemos cometido un error.
En cualquier tipo de relación, la persona autocompasiva se verá siempre como una víctima, tenga o no la culpa.
Esto provoca que las personas se alejen de ella, porque se vuelve egoísta y no acepta las realidades de los demás.
Solo importa su propio punto de vista, solo ella importa.
No estás siendo consciente de que, tal vez, seas víctima, sí, pero de ti mismo.
Te has envuelto en un mar de lágrimas que tú has creado porque, quizás, quieras sentirte así.
Hay personas a las que les “gusta” quejarse y lamentarse por todo.
Un hábito negativo adquirido gracias a los increíbles beneficios que obtienen de los demás: atención.
Te ha molestado alguna vez que hayan sentido pena por ti?
Entonces pregúntate por qué razón no te molesta sentir pena por ti mismo.
Tienes en tus manos el poder de caminar hacia adelante, pero te mantienes anclado en un limbo.
A veces, no somos víctimas de nada ni de nadie, solo de nosotros mismos.