La mejor manera para empezar a desarrollar la compasión es limitar nuestro alcance a las personas que nos encontramos en la vida real y por internet, y quizás también a algunos animales. Poco a poco, nos entrenamos en extender nuestra compasión para incluir a todos: aquellos que nos agradan, los extraños e incluso las personas que no nos gustan en absoluto. Continuamos hasta que nuestra compasión incluya al mundo entero– sí, ¡incluso a las cucarachas!
La base racional para extender nuestra compasión de manera igualitaria hacia todos es muy obvia, aunque es algo que muchas personas ni siquiera consideran: todos somos iguales en que todos queremos ser felices y todos somos iguales también en que queremos liberarnos de la infelicidad y el sufrimiento.
Meditación en la compasión El entrenamiento para desarrollar compasión se genera en grados de intensidad. Nos enfocamos primero en los sufrimientos de aquellos que nos agradan, después en los de aquellos que nos son neutros y después en los de aquellos que nos desagradan. En última instancia, nos enfocamos en el sufrimiento de todos, en todos lados, de forma igualitaria.
Así, la compasión contiene la voluntad de ayudar a otros a liberarse de sus problemas y superar su infelicidad. Confía en que los problemas pueden solucionarse al seguir métodos realistas, lo cual significa que no hay situación que carezca de remedio.
Así, la compasión en el budismo es un estado mental activo que está listo, en cualquier momento, para entrar en acción en beneficio de los demás.