Constancia y paciencia: elige momentos fijos, por ejemplo 2 o 3 días a la semana, a la misma hora. Con unos 4 o 5 minutos es suficiente para los niños pequeños (de 4 o 5 años de edad) y entre 5 y 15 minutos los mayores. Los resultados no siempre se dan de inmediato, es con la práctica regular como se observan los mayores beneficios.
Lugar: cuando se está aprendiendo es aconsejable buscar un lugar tranquilo en el que no haya interrupciones. Con el tiempo, se podrán hacer los ejercicios en espacios más bulliciosos.
Actitud: propón la práctica con una actitud lúdica, llena de humor y de aventura pero de forma relajada.
Si el niño se resiste puedes acordar hacerlo en otro momento.
Repite algunos ejercicios que les sean especialmente atractivos o fáciles.
Aunque el ejercicio sea el mismo, la experiencia personal puede cambiar en cada ocasión.
Participación: resulta muy motivador practicar con los niños, estar ahí con ellos, viviendo una experiencia compartida.
No obstante, a algunos niños les gusta practicar también en solitario.
Aceptación, valorar el esfuerzo, con amabilidad.
Hay días que uno se siente mejor y la práctica sale “redonda”; otros, uno está más distraído, más tenso y aparecen más dificultades.
En todo caso hay que decirle al niño que se dé cuenta de ello y que lo está haciendo bien, aceptando las cosas tal y como son en ese momento.
Escúchales: pregúntales por la experiencia, pídeles que expresen sus sensaciones al terminar los ejercicios.
Estas no son ni buenas ni malas, simplemente vivencias de cada momento.
Si le apetece comentarlo bien y si no también.