Frialdad en las respuestas, cero implicación en las situaciones, huida de conflictos, arrojar comentarios desvalorizantes y negativos… Todos estas situaciones y muchas otras denotan y dejan ver cuánto de desconectada emocionalmente está una persona. La desconexión emocional es una de las afecciones psicológicas que habitualmente se ven y otros sufren o nosotros mismos pero que se normaliza bajo la excusa: soy así, muy racional. La dificultad para identificar, experimentar y sentir emociones a un nivel saludable y normalizado. En el nivel superior se define el síndrome de la desconexión emocional como la absoluta incapacidad para sentir cualquier tipo de emoción. Una persona desconectada emocionalmente no sentirá afecto pero tampoco dolor emocional, rabia, ira… Todas las emociones pasan por sí mismo de forma superficial, sin adentrarse en él/ella y sin consecuencias de ningún tipo. El aislamiento no es meterse en casa y dejar de tener relaciones sociales y/o familiares incluso, de pareja (y duraderas). Aislarse por desconexión emocional es tener un círculo de personas alrededor e incluso buscar nuevas personas con las que entablar cualquier vínculo pero que estos sean totalmente superficiales y sin entrar en ningún tipo de implicación emocional. Son relaciones para el desconectado emocionalmente muy “superficiales”.
Algunos rasgos muy característicos de estas personas son: Evitan hablar de emociones: de las suyas porque carecen de ellas (es lo que piensan pero las tienen aunque escondidas y sin atender) y por supuesto, de las de las personas de alrededor. Minimizan las situaciones acontecidas: lo llaman racionalizar pero en realidad es que no consideran importante ninguna situación que conlleve una emoción. Y tienden a desvalorizar a quien sí las tiene (es muy habitual como una persona desconectada emocionalmente no tendrá en cuenta cómo se siente su pareja si esta enferma o siente pena / tristeza por algo). Incapacidad absoluta para sentir empatía con nada ni con nadie. Solo miran por ellos y solo importa lo que ellos estén viviendo (que no sintiendo). Racionalidad: este es su mejor argumento para la defensa de su actitud y su forma de ver y vivir las situaciones propias y ajenas. Relaciones intrascendentes y sin mayor calado ni profundidad. Confusión en la autopercepción: no saben ni qué sienten, ni qué les mueve… Están totalmente desconectados de ellos mismos. La desconexión emocional es uno de los problemas psicológicos que más a menudo vemos a nuestro alrededor. Es un mecanismo de defensa para dejar de sentir y evitar el dolor que puede convertirse en algo sumamente perjudicial para nuestra vida diaria. Identificarlo y poder solucionarlo con acompañamiento es el primer paso para dejar atrás este bucle tóxico para uno mismo y el entorno.