Las personas que padecen inestabilidad emocional, pasan de un extremo a otro sin motivo aparente y con una intensidad desaforada que no se corresponde con el contexto. Oscilan de una alegría inconmensurable a la más profunda de las tristezas sin ningún tipo de mesura o equilibrio, causándoles malestar y desorientando completamente a la gente de su entorno. Algo que define de forma general a las personas que padecen inestabilidad emocional es la baja tolerancia ante la frustración. Cuando algo no sale como ellos esperan caen rápidamente en toda una serie de respuestas conductuales muy extremas como la agresividad o la ira, o en hábitos compulsivos como el consumo de drogas o la promiscuidad. Cambios de humor rápidos. La inestabilidad emocional provoca que cualquier estímulo presente se imponga con rapidez ante cualquier estado emocional derivado de algo pasado, aunque haya ocurrido hace apenas un instante. Inclinación al malestar. El hecho de ser tan susceptibles a cualquier pequeño cambio que se les plantea, hace que se focalicen en las experiencias que les llevan al miedo, la tristeza o el enfado. Decisiones impulsivas y viscerales. Debido a ciertos problemas de comunicación y a pocos recursos para enfrentarse ante situaciones adversas, tienden a actuar sin pensar en las consecuencias y generan conflictos que tampoco saben gestionar.