Hay que establecer unos límites en el cuidado de mayores.
La conciencia de ser un buen hijo y la costumbre de ayudar, puede hacer que la exigencia de los mayores sea muy grande y vaya en aumento, por ello, es importante establecer ciertos límites.
Se deben marcar límites entre lo que se está dispuesto a hacer y lo que no para lograr tener un equilibrio.
Para establecerlos, es importante mirar hacia dentro, hacia uno mismo y reconocer esos límites.
Una forma de hacerlo es respondiéndose a las siguientes preguntas:
¿Cuándo te sientes más abrumado o estresado?
¿Te interrumpen cuando estás trabajando?
¿Te impide lidiar con tus propios hijos u otros familiares que necesitan tu atención?
¿Sientes que tienes demasiadas exigencias?
Responder a estas preguntas te puede ayudar a encontrar tus propios límites.
Estas exigencias se deben limitar de manera específica y directa, aunque siempre con tacto y de manera educada.
Un ejemplo de forma de actuar es el siguiente:
"Papá, te quiero y quiero ayudarte, pero la frecuencia de tus llamadas me está desviando de mis propias responsabilidades.
¿Podemos llegar a un acuerdo para mejorar la situación?
¿Qué te parece si hablamos todos los días después de cenar en lugar de muchas veces al día salvo en casos de emergencia?
Me comprometo a reservar ese tiempo solo para ti siempre que sea posible".
Es importante mantener la calma y no permitir que las emociones, especialmente la ira, influyan en la comunicación.
Es importante mantener el equilibrio emocional, ya que, si te agotas por completo, te enfermas o descuidas tus otras responsabilidades, no podrás ayudar a tus padres ancianos de manera efectiva a largo plazo.