Psicólogos y psiquiatras siguen discutiéndolo. Pero sí concuerdan en que el perfeccionismo puede acarrear trastornos como depresión y anorexia, y pensamientos suicidas.
Por ejemplo, muchos psicólogos dirían que a un atleta de un equipo universitario de elite, quien podría tener ciertos rasgos perfeccionistas ya que sus estándares son altos y debe tener una rigurosa disciplina deportiva y académica, no se lo debería etiquetar como alguien que tiene un trastorno.
Sin embargo, Hewitt asegura que una cosa es querer sobresalir y otra muy distinta querer ser perfecto.
Según define Psychology Today, "lo que hace que el perfeccionismo sea tan tóxico es que, mientras que es cierto que los que lo persiguen desean el éxito, están más enfocados en evitar el fracaso, por lo que su orientación es negativa".
Hay una diferencia entre luchar por la excelencia y exigir o exigirse a uno mismo la perfección.
Por qué puede causar depresión
Los perfeccionistas no son personas felices, dicen expertos.
El grado de presión que ejercen sobre ellas mismas los lleva a un lugar de infelicidad.
Su umbral de frustración es muy bajo y, en grados de perfeccionismo profundo, la insatisfacción es constante.
De ahí a la depresión hay un solo paso.
Entre las señales de que el perfeccionista está arribando a terrenos mentales pantanosos, están:
Sentirse "paralizados".
El perfeccionista está tan enfocado en tareas múltiples, en logros casi imposibles, que queda atrapado en su propia dinámica y, simplemente, se estanca.
Esconder lo que considera "fracasos".
Si algo le sale mal, una baja calificación o la pérdida de una oportunidad de trabajo, el perfeccionista se guarda esa información como un secreto.
Teme que los demás ya no lo consideren la persona perfecta.
No animarse a probar cosas nuevas.
Por temor a fracasar, la persona perfeccionista muchas veces no vive la vida a pleno y deja de hacer cosas simples —un nuevo curso, una nueva clase con sus amigos– por no descarrilar del camino de la perfección.
No construir relaciones sólidas.
Ya sea amigos, una pareja o en el trabajo, al perfeccionista le cuesta relacionarse.
Y suele aislarse por temor a que lo critiquen o juzguen.
Especialmente en el trabajo, los proyectos grupales suelen vivirse con angustia porque no se tendrá pleno control de la situación.
No ser capaz de celebrar logros.
Para el perfeccionista nada es suficiente.
Siempre habrá un margen para mejorar.
Lo que no saben, dicen psicólogos, es que la perfección no existe, por eso siempre habrá frustración.