La rutina cumple funciones fundamentales, como crear estabilidad en la vida diaria, aporta estructura y sentido de dirección, por ende seguridad.
La seguridad en la rutina tiene que ver con tener una base estable en tu día a día, lo que pone pie a que los niveles de estrés y ansiedad del día a día bajen o sean nulos.
Para que la rutina sea una aliada para la salud mental, y no una enemiga, esta debe ser flexible y agradable, no agotar nuestros recursos emocionales, psicológicos y físicos para poder ejecutarla.
De ese modo pasa a ser tierra fértil para reducir ansiedad, debido a que el cerebro humano responde bien a la previsibilidad.
Sabemos lo que esperamos del día a día, sabiendo que tenemos lo necesario para llevarlo a cabo, ningún tipo de alarma que pudiera disparar ansiedad se enciende.
Tener una rutina en la que se atiendan las necesidades personales ayuda a mantener un estado de regulación emocional adecuado.
Tener una rutina predecible previene la sobrecarga cognitiva, debido a que estar expuestos a tomar decisiones constantemente cansa las facultades cognitivas y agota la energía mental.
Cuando tienes una rutina más estructurada ahorras energía en toma de decisiones constantes que a corto plazo te ayuda a poner tu energía en asuntos más importantes.
Algunos elementos importantes para conciliar una rutina saludable son el tener momentos de ocio, realizar algún tipo de ejercicio físico, desconexión de redes sociales, alimentarnos consciente y sanamente, y tener un horario de sueño regular.
Establecer una rutina debe ser algo que te pongas muy fácil, empieza por lo más básico, como por ejemplo higiene, sueño y comida.
Tu rutina no debe ser ni un escape, ni una cárcel, ni algo que se sienta obligatorio o pesado, si no una base que te da opciones predecibles en donde tus metas del día a día son alcanzadas amable y realista mente.
Construimos nuestra vida y nuestro futuro en el presente, así que lo más importante para alcanzar la autorrealización debe ser lo que hacemos en el presente.