Identifica las situaciones que te generan impaciencia.
Identifica y escribe una lista de todas las situaciones que te están generando impaciencia en este momento.
Después escoge la situación que tenga más fuerza en ti.
Cierra un momento los ojos, y visualiza que estás parado frente a esa situación y pregúntate:
¿Qué sientes en tu cuerpo?
¿Qué emociones están presentes?
¿Qué pensamientos o creencias llegan a ti sobre ti o sobre los otros?
¿Emites algún juicio?
¿Qué factores contribuyen a tu impaciencia?
¿Qué consecuencias te trae el ser impaciente (para ti y para los otros)?
Escribe las sensaciones.
Conecta con tu momento presente:
En este momento, qué podrías hacer que está en tus manos para mejorar la situación.
¿Qué depende de ti?
¿Qué no depende de ti?
Identifica y ocúpate de lo que puedes hacer, lo que no suéltalo, libérate de querer controlar la situación y también del apego al resultado.
Inversión:
Ahora visualiza cómo sería ser paciente en esta situación.
Si se te dificulta visualizarlo, trae a tu mente alguna persona de tu entorno que consideres que es paciente y pregúntate cómo actuaría esta persona.
¿Qué habilidades o estrategias pondría en marcha?
Confía y Suelta:
Fluir, no forzar el ritmo de las situaciones es esencial para saber esperar desde la calma.
Confiar y aceptar el ritmo natural de los procesos, es algo que debemos aprender a poner en práctica.
Si después de realizar los pasos anteriores aún así sientes impaciencia, te propongo un sencillo ejercicio:
Cierra los ojos, trae a tu mente la situación que te genera impaciencia, al inhalar repite interiormente «Confío» y al exhalar repite interiormente » Suelto».
Repite este ejercicio durante 5 minutos y nota las sensaciones en ti.
De esta manera confías plenamente en que lo que es es lo que tiene que ser y no puede ser de otra manera, y suelta todo aquello que no depende de ti, lo que no está en tus manos.
Practica el Slow doing:
Para cultivar la paciencia en tu día a día y reducir la sensación de inmediatez, puedes:
Escoger una actividad de tu rutina y hacerla muy despacio, con mucha consciencia, notando cada sensación que vaya surgiendo.
También puedes esperar unos segundos antes de contestar una llamada o unos minutos para contestar un mensaje o un email.
Antes de ingresar a una reunión o al cambiar de actividad puedes tomar tres respiraciones profundas y así no encadenarlas desde el piloto automático.
Cuando estés en el supermercado, en vez de escoger la fila más corta, elige la más larga, y en vez de mirar el móvil, simplemente espera, observando todo lo que hay a tu alrededor.
La paciencia comienza reconociendo plenamente las situaciones tal y como son.
Cuando te das una pausa y eres consciente de todo lo que sucede en ti en los momentos de espera, ganas la libertad de poder responder asertivamente a esta situación en vez de reaccionar impulsivamente desde la emoción.
La práctica diaria de Mindfulness nos brinda herramientas poderosas para poder cultivar la paciencia en tu día a día.
Puedes leer en este artículo cómo puedes comenzar a practicarlo y así gozar de todos sus beneficios.