El ejercicio también favorece la liberación de moléculas que potencian la actividad cerebral, como el factor neurotrófico derivado del cerebro, las endorfinas y otros neurotransmisores que te hacen sentir bien, como la serotonina y la dopamina. Las proteínas como el FNDC mantienen la salud de las neuronas y favorecen el nacimiento de otras nuevas a través de un proceso conocido como neurogénesis. Este proceso afecta directamente al hipocampo, que es la región del cerebro asociada con el aprendizaje, la memoria y la regulación de la ansiedad y el estrés. Cuando hacemos ejercicio se liberan endorfinas y gestionamos mejor el estrés, porque actúan como un analgésico natural. Cuando actúan junto a los receptores opioides del cerebro, se reduce la sensación de dolor y se producen sensaciones de felicidad. Durante el ejercicio, también combatimos el estrés a través de otros neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que regulan la presión y los sistemas de recompensas del cerebro, el estado de ánimo y aportan una sensación de esperanza. El estrés crónico reduce los niveles de dopamina del cerebro, pero la actividad física puede ayudarte a restablecerlos. De hecho, con el tiempo, la actividad física frecuente puede remodelar el cerebro. Con el ejercicio, experimentamos unos mayores niveles de circulación de dopamina y tenemos más receptores disponibles. Como consecuencia, sentirte más feliz y con menos estrés, empieza a ser más fácil. También se ha demostrado que los ejercicios aeróbicos, como el running, tienen un efecto particularmente positivo en esta zona del cerebro. En 2014, se realizó un ensayo clínico en el que se demostró que realizar 3 entrenamientos aeróbicos de 30 minutos a la semana durante 3 meses generaba un aumento de un 16,5 % del volumen del hipocampo. El equipo de investigación concluyó que el ejercicio puede mejorar la resiliencia emocional y la respuesta ante el estrés.