Pensar en exceso puede suponer una gran carga y una importante limitación en muchos ámbitos de la vida.
No solo nos sumerge en la duda y la indecisión permanente, también eleva nuestros niveles de estrés y dificulta nuestras relaciones sociales.
Y es que al estar viviendo en la mente no logramos conectar con la persona que tenemos en frente.
La respiración consciente es una de las prácticas más útiles para quienes se inician en el arte de no pensar, ya que resulta relativamente fácil de implementar.
El objetivo consiste en inspirar y espirar con una cadencia determinada, de forma que toda la atención se centre en el flujo de aire que entra y sale del organismo.
Unos minutos al día pueden ser suficientes para marcar la diferencia, reducir el estrés e incrementar el bienestar psicológico.
Con la práctica, cada vez te resultará más natural entrar en ese estado de calma y tranquilidad y los pensamientos intrusivos serán cada vez menos.
La atención plena puede formar parte de tu día a día en cualquier momento.
Simplemente, enfócate en aquella actividad que estés realizando, ya sea cocinar, ducharte o conversar con un amigo…
Mantente centrado en el presente, en lo que percibes, en lo que sientes; y, cuando tu mente divague hacia el pasado o el futuro, recondúcela con suavidad de nuevo al aquí y ahora.
Ya que no es posible eliminar el contenido mental, ¿por qué no seleccionar deliberadamente uno que sea agradable y positivo, que nos transmita calma y bienestar?