Sentirnos rechazados afecta a nuestra autoestima.
La idea vertebral del modo de afrontamiento que te proponemos es que el rechazo no dice nada de ti.
Un rechazo es la historia de todos los rechazos.
La buena noticia es que contamos con recursos que nos pueden ayudar a afrontar el rechazo de forma un poco más saludable, y que evitarán que este hecho tan común nos afecte de una forma poco adaptativa.
La idea vertebral del modo de afrontamiento que te proponemos es que el rechazo no dice nada de ti.
Trabaja tu autoestima, porque si nuestra autoestima está bien, está trabajada, y nos sentimos bien con nosotros mismos, el daño que nos puede hacer un rechazo será menor.
Necesitamos querernos a nosotros mismos para ser felices, no que nos quiera esa persona sí o sí (eso siempre debe ser un extra).
Reconoce tus fortalezas, tienes un montón de fortalezas y de puntos fuertes, aunque te hayan rechazado.
La buena autoestima depende de un autoconocimiento sano de uno mismo.
No hace falta que seamos buenos en todo para sentirnos bien con nosotros mismos y para ser tremendamente valiosos.
A veces queremos agradar a gente a quienes nunca vamos a agradar, y eso es absurdo.
El amor, la atracción y el feeling deben ser cosas que suceden de forma natural.
No le des tantas vueltas: es hora de aceptar.
Siente la emoción, deja que te duela el tiempo que necesites, sí, pero trabaja también en la aceptación de ese rechazo.
Otra idea sobre cómo afrontar un rechazo de forma sana es quitarte la culpa.
Aquí nadie tiene la culpa de nada; sencillamente, hay personas a quienes les gustarán ciertas cosas de nosotros, otras a quien enamoraremos sin hacer nada y otras que no nos harán ni caso.
Y es normal y está bien.
No has hecho nada malo que explique el hecho de que te hayan rechazado.
Aceptar que no podemos gustar a todo el mundo es clave para lidiar con el rechazo.
Evita personalizar o ser tan referencial.
Un rechazo no significa que haya algo malo en ti.
Ese rechazo no se explica por algo personal, las causas no tienen que ver con nosotros; a veces no hay una explicación lógica.
Dejar la autorreferencia a un lado y empezar a abrir la mente.
Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.