Si la persona con disforia sensible al rechazo considera que le está afectando en su vida y cree que no es capaz de gestionarlo, seguramente le generará malestar.
Si esto es así, sería bueno ponerse en manos de profesionales.
Existen terapias con evidencia científica que ayudan encontrar maneras de gestionar estos miedos.
Es el caso de la terapia cognitiva conductual que se centra, fundamentalmente, en facilitar herramientas para superarlo.
Se puede trabajar mejorando la regulación emocional, por un lado, mediante la autorregulación, por ejemplo, haciendo ejercicio físico, con música, lectura, actividades que resulten satisfactorias, autocuidado personal…
Y, por otro lado, mediante la corregulación: fomentando vínculos seguros en la familia, en las relaciones sociales, haciendo actividades grupales o trabajando los fallos que pudiera haber en las bases de apego seguro.
Todo esto es algo que trabajamos a menudo en terapia.