A veces nos puede aparecer una sensación de hambre que no es real, nuestro cuerpo tiene todas sus necesidades cubiertas pero aun así, nos surge un antojo o deseo de algún alimento en concreto, esto se conoce con el nombre de hambre emocional.
La saciedad ayuda a evitar comer de forma emocional.
Reduce la cantidad de azúcar ya que éste puede producir adicción.
Fracciona la dieta, come cada 3-4 horas para evitar pasar hambre.
Es importante hacer actividades que ayuden a relajarte, como meditar, hacer respiraciones, yoga, etc.
A la hora de comer, es importante que no lo hagas con prisas, tómate tu tiempo y sé consciente de lo que haces.
Dormir: Descansar menos de lo que te toca puede conducir a un desequilibrio hormonal, afectando a la grelina y la leptina, hormonas que intervienen en la sensación de hambre y saciedad.
Puede esperar.
Debes tener en cuenta estos consejos que te pueden ayudar a controlarla:
Busca una recompensa que no esté relacionada con la comida, es decir, focaliza toda tu energía en otras actividades, como por ejemplo: leer, escribir, mirar una película, salir a pasear, nadar…
Cuanto más intentes ignorar las ganas de comer por ansiedad, menos te va a costar la próxima vez.
Entrena la fuerza de voluntad: Identifica en qué momento del día te entra esa ansiedad y encuentra otra alternativa más saludable.
Evita las tentaciones: no tengas en casa esos alimentos no adecuados ya que es la mejor manera de no caer en la tentación de comerlos.
Lo ideal es dejarlos para ocasiones especiales como cenas fuera de casa, cumpleaños…
Practica ejercicio físico, sal a correr, en bici, a pasear, sube escaleras…
Te ayudará a estar motivado para seguir una vida saludable y además es una excelente forma de relajar la mente.
Con pautas nutricionales se puede intentar controlar la ansiedad.
Aún así, hay situaciones donde la fuerza de voluntad no es suficiente y se requiere la intervención de un psicólogo que motorice y ayude a controlar este estado.