Nota cómo te hablas a ti misma.
Concientizar estos pensamientos negativos sobre nuestro cuerpo.
No solo darlos por hecho porque siempre han estado presentes, sino identificarlos y preguntarnos “¿por qué nos hablamos de esa manera a nosotras mismas?”.
No sobrepensar las mismas “fallas”.
Si tienes una inseguridad en particular, trata de trabajar contigo misma o con una especialista, ya que sin darnos cuenta lo podemos sacar de proporción.
Sabemos que esto puede ser muy difícil en la práctica, pero si poco a poco te concentras en las cosas que sí te gustan de ti, será más fácil hacer de esto un hábito.
No enfatices únicamente los aspectos físicos.
Los aspectos físicos son mucho más fáciles de percibir por otras personas, pero eso no significa que sean los únicos importantes.
Como mujeres, desde pequeñas nos enseñan a preocuparnos en exceso por nuestro físico y eso debe parar.
Busca cualidades emocionales o de personalidad que te gusten y trata de poner el foco sobre ellas de vez en cuando.
Sé amable contigo misma en los días difíciles.
Un factor importante en el body positivity es darte la oportunidad de cometer errores.
No somos perfectas, y la relación con nuestros cuerpos muchas veces viene plagada de conceptos dañinos.
Sin embargo, hay veces que los pensamientos negativos nos invaden por más que intentemos mantenernos positivas.
No pasa nada.
Todas tenemos inseguridades, y darnos la oportunidad de no negarlas a veces puede ser el respiro que necesitamos.
Piensa en el contenido que consumes en redes sociales.
Muchas veces recurrimos a las redes sociales para formar nuestros ideales de belleza pero hay que ser muy cuidadosas y conscientes de que no sabemos qué tan editado está el contenido que vemos.
Con los filtros y programas de edición, una persona puede cambiar por completo ciertos aspectos de su cuerpo y presentarnos solamente la versión “aprobada”.
Busca maneras de autocuidado.
Esto también varía para cada persona y la gama de acciones que puedes tomar es enorme pero se basa en encontrar cosas que te hagan sentir bien contigo.
Puede ir desde hacer ejercicio, leer un libro, salir con una amiga o quedarte a comer pizza.
La duración también es indeterminada y no pasa nada si solo te toma 5 minutos o toda una tarde, solo busca enfocarte en lo que a ti te hace bien.
Esto puede resultar más beneficioso si haces cosas que no tengan que ver con tu apariencia, como platicar con alguien que quieres.
El autocuidado también se debe hacer de manera consciente.
Invertir tiempo en ti te recuerda que eres importante y mereces cuidarte y apapacharte, sin que tenga que ser algo “especial”.
Trata de evitar los números.
Ya sea en tu báscula, en las calorías o en el número de likes que tienes, los números y tu salud nunca van a ser exactos.
Recuerda que cada cuerpo es diferente, y lo que se puede sentir como mucho para ti podría ser lo ideal para alguien más.
En vez de seguir dietas rigurosas no avaladas por médicos, busca alimentos que te proporcionen energía y contribuyan a tu salud.
Integra la actividad física en tu rutina.
Puede ir desde caminar al trabajo o la escuela, inscribirte a una clase de baile, ir al gimnasio o hacer yoga en tu cuarto.
Lo más importante es que te guste para que puedas incorporarlo poco a poco en tus actividades diarias.
Usa ropa que te haga sentir bien.
Esto también depende de cada persona y puede que signifique usar ropa apretada, suelta, llamativa o ligera.
Recuerda que la ropa debe ajustarse a tu cuerpo, no al revés.
Eres más importante que cualquier prenda y no deberías tener que sacrificar tu salud por una blusa bonita.
Ten presente que los ideales cambian.
A pesar de que hay estándares impuestos en la sociedad, recuerda que las modas pasan y lo que te causa inseguridad en este momento podría ser lo más atractivo en unos años.
La relación que tienes con tu cuerpo es compleja y profunda, pero debes cuidarla como otras relaciones, porque tú también mereces toda esa atención.