Podemos hacerlo poniéndonos en manos expertas, como psicólogos o coaches especializados en imagen personal, a través de actividades físicas, como por ejemplo el yoga dance, que nos diviertan y motiven y, por supuesto, también a través de la meditación guiada.
La primera técnica que nos propone la entrenadora de mindfulness para empezar a aceptar el propio cuerpo consiste en dejar de observarlo sólo estéticamente, para centrarnos más en sus funcionalidades.
En lugar de valorar mis piernas por lo bonitas o feas que son, poner en valor si están sanas, si son fuertes y, especialmente, todo lo que mis piernas me permiten hacer: bailar, andar, correr, pasear.
Dar cada día las gracias a nuestros ojos, nuestros labios, nuestras piernas, nuestro estómago, etc., por todo lo que nos permiten hacer en la vida es un paso enorme hacia la reconciliación con el propio cuerpo.
Otro de los aspectos que podemos trabajar a través del mindfulness es la autocrítica constante hacia nuestro cuerpo.
El objetivo consiste en reeducar nuestra voz interior y conseguir que en lugar de juzgarnos, señalarnos, humillarnos o avergonzarnos a nosotros mismos continuamente por cómo es nuestro cuerpo, empecemos a hablarnos y tratarnos con más amabilidad y respeto.
Construir una visión más amable, respetuosa y positiva es posible si cambiamos la forma en que nos hablamos a nosotros mismos.
Para ello debemos decirnos mensajes reales pero positivos que nos ayuden a cambiar nuestra autopercepción.
Cuando nuestra voz interior nos lanza un comentario negativo debemos identificarlo como un mensaje altamente destructivo y reformular la frase por otra del estilo de: Mi cara hoy refleja cansancio, voy a maquillarme un poco para tener mejor aspecto.
No se trata tanto de negar lo que creemos, sino de formularlo de un modo más amable y, sobre todo, constructivo.
Con el tiempo y trabajo aprenderemos a identificar y resaltar los aspectos más positivos de nuestro cuerpo.