Hay estudiantes que se plantean metas en sus estudios, como por ejemplo obtener una nota concreta en exámenes o de media final. Esa nota y objetivo genera, en ocasiones, una presión a la que deben hacer frente. Pero a veces, la gestión no es adecuada en diferentes puntos, e incluso dejando de lado aspectos de la realidad, imprevistos, etc. Todo esto, conduce a querer llegar a esa meta, y para ello desarrollan conductas diversas, que en muchas ocasiones desencadenan ansiedad por conseguirlo.
Hay personas muy competitivas, que tratan de quedar por delante de compañeros, ser los mejores de la clase, etc. Esto hace que generen cierta presión por estar siempre ahí arriba y no se permiten fallar. Porque ven el fallo como un fracaso, provocando así momentos de tensión por llegar siempre a esa posición.
Hay estudiantes que creen que su madre y su padre quieren que obtenga notazas porque sino los está defraudando. Y aquí es donde muchos progenitores tratan de ayudar mostrando que no es así, pero el hijo o la hija tiene esa percepción. En otras ocasiones, frases como «puedes conseguir más» mencionada por el padre o la madre, hace que el menor vea que no está cumpliendo con lo esperado y ahí comienza la presión en sí mismo para satisfacer a los demás.
La interpretación que cada persona hace de los comentarios o situaciones influye en la exigencia planteada.
Dejarlo todo para el último momento. Confiarse y pensar que se va a poder, pero cuando se ve la realidad comienza la angustia por ver que no se llega. Esto les sucede a estudiantes, llevándose al límite en pocos días para afrontar todo lo que tienen por delante.
Así que, para llegar a esa nota invierten muchas horas, se angustian porque creen que no llegan, piensan que no lo van a conseguir, etc. Todo esto genera mucho estrés y ansiedad, desencadenando a su vez pensamientos de incapacidad, así como comportamientos muy extremistas.