La gratitud se define como ser consciente y agradecido por las cosas buenas que suceden.
La persona que siente agradecimiento ha advertido, ha tomado conciencia de haber sido beneficiado.
Se tienen que dar tres condiciones que producen gratitud, la presencia de cada una de estas condiciones, aumenta la posibilidad de experimentar gratitud y la intensidad de esta experiencia.
Estas condiciones son: que se perciba el beneficio como valioso, que se reconozca y valore a quien hace el beneficio y que este se perciba como un regalo, como algo inmerecido.
Así, esta percepción de agradecimiento provoca una emoción, un sentimiento de agradecimiento.
A su vez, este sentimiento de agradecimiento se convierte en un estímulo que motiva al comportamiento prosocial y, se traduce en un comportamiento afectivo hacia el benefactor.
Los individuos agradecidos: experimentarían un sentido de abundancia, no sintiéndose deprivados en la vida; apreciarían en mayor medida la contribución de los otros en su bienestar; tenderían a apreciar los placeres simples, fácilmente accesibles a la mayoría de las personas y reconocerían la importancia de experimentar y expresar gratitud.
La gratitud, por un lado, es uno de los predictores más robustos de felicidad y, por otro, es una de las variables que más se relaciona con la consecución de relaciones sociales significativas.
Diversos autores han determinado en sus investigaciones, la relación entre la gratitud y conductas prosociales, emociones positivas, satisfacción con la vida, optimismo, esperanza, vitalidad y, percepción subjetiva de felicidad.
La gratitud se asocia a un menor riesgo de desarrollar desórdenes psicológicos como la depresión o la ansiedad.
La gratitud representa una habilidad primordial para desarrollar y mantener niveles adecuados de bienestar emocional, satisfacción y calidad de vida.